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2018 cosas que perdí en un año

Este fue un año perdido. Un año de perder. Aunque la lista parece más corta, cuando repaso los 365 días vividos siento que perdí al menos 2018 cosas.

Perdí 2 trabajos, perdí contacto con gente que quería, perdí la motivación, perdí el interés por levantarme de la cama…Perdí todos mis pronósticos del mundial, perdí mi miedo a tratar de aprender a bailar (eso no es malo), perdí el miedo a publicar lo que escribía (eso tampoco es tan malo), perdí todas mis apuestas conmigo mismo (eso es bueno)…un año de perder por todas partes.

Terremoto, réplicas y precauciones

Este año fue como un terremoto: lo que vemos en la superficie después de uno son las consecuencias de una fuerza liberada en el interior de la tierra, la cual no observamos. Habrá objetos caídos o daños en estructuras, pero el choque de placas nunca se vio. Algo así fue para mí: todo lo que pasó afuera fue solo el resultado de una intensa subducción mental y emocional.

Como un acto de fe, en una mezcla de desesperación, tristeza y convicción sin pruebas, trabajé únicamente las primeras tres semanas del 2018 y me uní al club de los desempleados. Todo el mundo me decía que qué iba a hacer, que esperara a tener algo más o que sería muy difícil recuperar el trabajo. Yo creía lo contrario y…fue peor. Pasé tres meses en mi casa, casi sin salir y atragantándome de Netflix como si no hubiera mañana. Entonces, en abril llegó el momento de demostrarles a todos que siempre tuve razón: conseguí trabajo…que se acabó un mes después (por razones que no valen la pena profundizar). Lo que me pasó fue una forma de actividad natural que desconozco qué tan seguido sucede: experimenté un temblor en enero y en mayo apareció el terremoto.

Así, lo que sentí fue un destrozo completo, que posiblemente tenía muchas más causas que no tener trabajo. Me sentía desgarrado por dentro, hundido, inútil, estúpido, arrepentido, y todas sus variantes, especialmente porque creí que todo estaba resuelto y, una vez más, como todas las veces en los últimos dos años, me equivoqué.

Aquí entra un interludio compuesto por la falta de dinero, el abandono de las clases de baile que me sacaban de la casa, la anulación de mis rutinas de ejercicio, la abundancia de escritos deprimentes etc, etc etc.

Nuevos comienzos en viejos lugares

Después de anestesiarme con el Mundial, durante un mes en el que vi absolutamente todos los partidos (sí, puse compu a la par del tele para ver dos al mismo tiempo) tenía decisiones que tomar. En consecuencia, mi única solución ante mi incapacidad de encontrar trabajo o poner un emprendimiento fue volver a la U, llevar cursos y cumplir los requisitos para hacer horas asistente, estar ocupado y ganar algo de dinero.

Lo esperen o no, odié cada segundo de la primera semana. Amo la U pero ese no era mi lugar, me decía una y otra vez, como castigándome por algo. ¿Que tipo de casi 26 años deja un trabajo estable para llevar cursos de francés, portugués y psicología con estudiantes de entre 18 a 22 años, para trabajar 10 horas semanales? No sé, todo sonaba mal en mi cabeza.

Entonces, llegó el regaño. Alguien me dijo que yo no quedaba bien conmigo mismo y de ninguna forma estaba disfrutando: ni sin hacer nada ni haciendo algo. Posiblemente quería otra cosa, sí, pero si eso no estaba había que vivir con lo que se tuviera; la decisión era mía. Y pues así fue, tuve que hacer un esfuerzo enorme y encontrarle el gusto a llevar cursos básicos, a pasar la mitad del tiempo de mi asistencia desocupado y a postergar la tesis ante cualquier excusa barata (eso no fue bueno, pero sigo buscando la forma de superarlo).

Todo sin solución

Finalmente, el semestre pasó, aprendí algo de francés y portugués, recordé como era redactar trabajos para los cuales no tengo ningún interés y me reencontré con un ambiente laboral pequeño pero dinámico y agradable. Y sobreviví, de mucho mejor humor de lo que esperaba; con los mismos miedos, enojos y tristezas de (casi) siempre, pero en menor intensidad.

¿Y la gente? Pues perdí a mucha, no mentiré, pero encontré a un par más y la que importaba más en un principio aquí siguen, con más experiencia para llevar mis dramas.

El 2019 llega aún más incierto que todos los demás años. Al menos en el 2018 tenía 22 días de seguridad, pero esta vez, al ser las 00:00 del primer de enero, el mapa estará en blanco. Pero también pensaré que hace 365 días tenía dos metas primarias: escribir todos los días y sobrevivir. Hecho y hecho, así que habrá que volver a tener fe.

Sí, el 2018 fue un año perdido, un año de perder, pero también un año de descubrir la fuerza que hay en medio de la pérdida. Cuando se está en el fondo no queda más que subir. Por una vez, me arriesgaré de nuevo. Tal vez en un año pueda escribir que perdí todo lo malo del 2018.

PD: LOS PREMIOS

Como conclusión, inauguro la sección “Premios Ugarte Jiménez” a lo mejor del 2018, basado, como no podía ser de otra forma, en los “Premios Oscar” de Hollywood. ¡Felicidades a las y los ganadores!

Mejor película: “Somos licenciadas”, de Cin y Jess. Una historia de sufrimiento, lucha y esfuerzo que acabó con mención de honor y recomendación de publicación para el proyecto de tesis de mis dos mejores amigas.
Mejor actriz principal: Cin y Jess. Premio compartido por su brillante actuación en “Somos licenciadas” y “Luchando a través del año”. Ambas crecieron muchísimo ante las adversidades y sus actuaciones son dignas de admiración.
Mejor actor: Saprissa. Porque no importa que perdimos la final en diciembre, las emociones que me hizo vivir este año en el estadio me recordaron la magia que produce hacer lo que amás.
Mejor actriz secundaria: la UCR, por su actuación en “Volvé” y por recibirme, otra vez, con experiencias que solo me hacen considerar que ese es mi lugar seguro.
Mejor actor secundario: El Mundial. Porque aunque Rusia fue una peste para la Sele, poder ver todos los partidos y emocionarme así merece una distinción especial.
Mejor director: Te lo resumo así nomás. Encontré un canal de YouTube del que me hice adicto y me hace reír cada vez que veo por vez mil cada video. Posiblemente le hablé de esto a toda la gente que conozco.
Mejor película en idioma extranjero: Clases de francés. Porque intenté un nuevo idioma y lo amé.
Mejor guión: “Heridas abiertas”, de Gillian Flynn, como el mejor libro que leí este año.
Mejor película animada: Cin en el Colper. Porque ver a Cinthia en el escenario del Colegio de Periodistas, esperando que le den el título de incorporación que no aparecía, con cara del meme de John Travolta fue como una caricatura que me hizo llorar de la risa.
Mejor canción original: “IDGAF”, de Dua Lipa. Porque la cantamos mil veces en diferentes momentos del año y siempre fue muy divertida.
Mejor partitura musical: la funcion de medianoche de Avengers. Porque fue una película que esperamos una y otra vez y estar ahí, en el estreno, fue una experiencia monumentalmente geek.
Mejor maquillaje y vestuario: Jess para Halloween. Porque se tomó muy en serio su papel y, con mucho esfuerzo y talento, creó un traje increíble del zorro de El Principito.
Mejor documental: mi blog. Porque 365 días de escribir es la mejor forma de documentar todo lo que me pasaba.
Mejor corto de ficción: las clases de baile. Porque duraron solo 2 meses pero fue una buena experiencia que espero repetir.
Mejor corto de no ficción: el trabajo en SINART. Volver a un medio, aunque por un periodo tan corto, siempre es estimulante.

 

 

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